Espacio
Rocket Lab (RKLB) bajo la lupa: ¿un nuevo rival para SpaceX?

La nueva carrera espacial
Desde el último alunizaje del Apolo 17 en 1972, ningún ser humano había viajado más allá de la órbita terrestre baja en el contexto de 2024. Esto no supuso una paralización de toda la tecnología espacial: continuaron las misiones robóticas, los satélites y las estaciones orbitales.
Varios factores redujeron el impulso de la exploración tripulada más allá de la Tierra tras la carrera entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Uno fue el fin de aquella competencia por llegar a la Luna. Las prioridades presupuestarias cambiaron y las siguientes etapas requerían inversiones y avances técnicos considerables.
La disolución de la Unión Soviética ocurrió en 1991, no en 1989, y también transformó el panorama geopolítico de la exploración espacial.
La burocracia, la gestión de riesgos y las prioridades políticas han influido en los programas públicos. Sin embargo, la NASA sí desarrolló alternativas tras la retirada del transbordador, incluidos Orion y el programa de tripulación comercial. No puede atribuirse toda la evolución del sector a una ausencia de ambición.
Elon Musk fundó SpaceX (SPCX ) en 2002. Durante más de dos décadas, la empresa contribuyó a renovar el interés por la exploración, extendió la reutilización de primeras etapas orbitales y redujo costes en determinados tipos de lanzamiento.

Fuente: Ark Invest
Su crecimiento también atrajo capital privado y nuevos competidores. Demostró oportunidades comerciales en el sector, aunque invertir en tecnología espacial sigue implicando riesgos.
Al mismo tiempo, se intensificó una nueva competencia espacial entre Estados Unidos y China .
En 2024, SpaceX todavía era una empresa no cotizada; el artículo cómo comprar acciones de SpaceX antes de su salida a bolsa describe aquel contexto histórico. Rocket Lab (RKLB ) ofrece otra exposición al sector y cotiza desde 2021.
RKLB Gráfico de precios
Historia de Rocket Lab
Rocket Lab fue fundada en 2006. En noviembre de 2009 lanzó desde Nueva Zelanda el cohete suborbital Ātea-1, un hito para la industria privada del hemisferio sur. Posteriormente estableció su sede en Estados Unidos, con instalaciones en California.
La empresa se centró inicialmente en lanzadores pequeños y en demostrar resultados mediante sucesivas rondas de financiación. Su estrategia y recursos eran distintos de los de SpaceX.
Más adelante desarrolló técnicas para recuperar Electron y un diseño parcialmente reutilizable para Neutron. La reutilización puede mejorar la economía de algunos sistemas, pero no es la única forma posible de operar un negocio de lanzamiento.
En 2021 empezó a cotizar mediante una fusión con una SPAC. No fue una OPV tradicional.
La presentación citada indicaba 203 satélites desplegados y tecnología de Rocket Lab en más de 1.700 satélites. Son datos de una fecha concreta y no un recuento permanente.
Lanzadores de Rocket Lab
Electron
Electron es su principal lanzador operativo. La presentación de 2024 citaba 56 lanzamientos acumulados y una elevada frecuencia entre los cohetes estadounidenses. Las clasificaciones internacionales dependen de la fecha y de cómo se agrupen las familias de vehículos.

Fuente: Rocket Lab
Rocket Lab ha recuperado primeras etapas de Electron tras su amerizaje para estudiarlas y avanzar hacia la reutilización. Recuperar una etapa no equivale a reutilizar habitualmente etapas completas en nuevos vuelos.
Electron puede transportar hasta unos 300 kg a órbita baja, según la misión. SpaceX también atiende a satélites pequeños mediante vuelos compartidos; la ventaja de un lanzamiento dedicado puede ser elegir mejor el calendario y la órbita. La presentación citada situaba el precio medio de Electron en 8,4 millones de dólares, frente a unos 5 millones al inicio de su operación en 2017.
Entre las características que diferencian su oferta figuran:
- Flexibilidad para desplegar satélites en órbitas e inclinaciones determinadas y para realizar despliegues escalonados, según el perfil de misión.
- Instalaciones de lanzamiento en Nueva Zelanda y Estados Unidos. El ritmo de producción citado de un Electron cada 18 días es una capacidad industrial, no una garantía de ese plazo para cualquier cliente.
- Motores Rutherford con componentes fabricados mediante impresión 3D. Además, para las estructuras compuestas de Neutron emplea una máquina automatizada de colocación de fibra de carbono de unas 90 toneladas y 30 metros . Esta máquina no es una impresora 3D de motores.
Fuente: 3D Printing Industry
Neutron
Electron no es el único producto previsto. Neutron es un lanzador de mayor capacidad que seguía en desarrollo en 2024.
El diseño anunciado para Neutron contempla hasta unos 13.000 kg a órbita terrestre baja, aproximadamente 43 veces los 300 kg de Electron. Las capacidades interplanetarias, como 1.500 kg hacia Marte o Venus en ciertos perfiles, son objetivos de diseño sujetos a configuración y validación, no prestaciones ya demostradas.

Fuente: Rocket Lab
Electron usa oxígeno líquido y queroseno. Neutron está diseñado para utilizar oxígeno líquido y metano, como otros lanzadores recientes. La reutilización prevista se centra en la primera etapa, no en todo el vehículo.
En 2024 se anunciaron dos vuelos de Neutron para 2026 y 2027 con un operador de constelación no identificado. No se puede concluir que ese cliente compita con Starlink. Un avance del desarrollo fue el primer encendido de prueba del motor Archimedes en agosto de 2024 . El motor incluye componentes fabricados de forma aditiva.

Fuente: Rocket Lab
El Gobierno estadounidense apoyó el desarrollo del motor con unos 8 millones de dólares. La posible entrada en programas como NSSL Lane 1 y OSP-4 abre oportunidades, pero los límites globales de 5.600 millones y 986 millones de dólares corresponden a programas o contratos marco, no a ingresos garantizados para Rocket Lab.
Neutron está previsto para el complejo de lanzamiento 3 en Virginia, que se encontraba en construcción. Por separado, Rocket Lab compró en mayo de 2023 instalaciones y equipos de Virgin Orbit en Long Beach tras su quiebra.

Fuente: Rocket Lab
HASTE
HASTE significa Hypersonic Accelerator Suborbital Test Electron. Es una variante suborbital destinada a probar sistemas hipersónicos, con capacidad de carga anunciada de hasta unos 700 kg.
Los sistemas hipersónicos son un área de inversión militar en Estados Unidos, Rusia y China. Sus capacidades no son idénticas y las comparaciones de ventaja global requieren distinguir programas, pruebas y despliegue.
HASTE ofrece perfiles de vuelo y configuraciones de carga adaptables para ensayos. No debe describirse su oferta como un servicio rutinario de lanzamientos con etapas reutilizadas.

Fuente: Rocket Lab
Capacidad de respuesta espacial
El objetivo es acelerar el acceso a órbita mediante lanzamientos solicitados con poca antelación y soluciones de satélites ágiles.
Ante el fallo o pérdida de un satélite, Rocket Lab busca combinar:
- Desarrollo y fabricación rápidos mediante su división integrada de sistemas espaciales.
- Un lanzamiento dedicado con Electron, sujeto a disponibilidad y requisitos de la misión.
Rocket Lab más allá de los cohetes
Aunque los cohetes reciben gran atención, los sistemas espaciales generaban la mayor parte de los ingresos de Rocket Lab en el periodo analizado.
Las instalaciones citadas incluyen una sala limpia de unos 10.000 pies cuadrados, aproximadamente 929 m², y unas áreas de producción y pruebas de 40.000 pies cuadrados, aproximadamente 3.716 m².
Esto permite ofrecer satélites, componentes, software y lanzamiento. La dirección describe el modelo como una empresa espacial integrada de principio a fin.
La presentación citaba unos 720 millones de dólares en programas de naves en producción. Entre los contratos figuran el programa de satélites para la Space Development Agency, de hasta 515 millones de dólares incluidas opciones y un subcontrato de unos 143 millones de dólares con MDA para satélites de Globalstar . El contrato de Globalstar no es un contrato directo de la NASA, y la cifra máxima de SDA incluye una base de unos 489 millones más opciones e incentivos.

Fuente: Rocket Lab
Componentes
La empresa también diseña y suministra componentes para otros fabricantes de satélites.
Parte de esas capacidades procede de adquisiciones. La integración puede simplificar compras y coordinación en una industria con numerosos proveedores especializados, aunque también exige invertir y gestionar negocios diferentes.
La oferta incluye sensores estelares, propulsión, ruedas de reacción, software de vuelo y terrestre, radios, aviónica, estructuras compuestas, tanques y sistemas de separación.
Una especialidad adicional son las células solares y los paneles para uso espacial.

Fuente: Rocket Lab
Energía solar
Rocket Lab incorporó esta actividad mediante la adquisición de SolAero Technologies en 2022 . Los datos históricos citados indicaban más de 1.000 satélites equipados, más de 500 previstos con ese hardware y alrededor de 4 MW de células fabricadas de forma acumulada. No son cifras de producción anual.
Algunas células espaciales alcanzan eficiencias cercanas al 34%, con diseños ligeros y resistentes. La eficiencia depende del producto y las condiciones de prueba. La automatización puede reducir costes de ensamblaje.

Fuente: Rocket Lab
Misiones a Marte y Venus
Las misiones humanas a Marte seguían sin realizarse en 2024. Starship es uno de los sistemas propuestos, pero no puede darse por decidido quién ejecutará todas las misiones futuras. Rocket Lab también participa en exploración robótica.
Construyó dos naves para ESCAPADE en unos tres años y medio. Su lanzamiento estaba previsto en New Glenn de Blue Origin para octubre de 2024, pero la NASA aplazó esa ventana mientras se preparaba el nuevo cohete.
Además, componentes solares y otras tecnologías del grupo se han utilizado en misiones marcianas, como Perseverance e Ingenuity. Esto no significa que Rocket Lab construyera íntegramente esas misiones.

Fuente: Rocket Lab
Mars Sample Return busca traer a la Tierra muestras recogidas por Perseverance desde 2021, no por Curiosity. La recogida y almacenamiento forman parte del plan de retorno, no un abandono accidental de muestras.
En 2024, la NASA buscó propuestas alternativas ante estimaciones de unos 8.000–11.000 millones de dólares y una posible entrega en 2040 para la arquitectura evaluada. Esas estimaciones motivaron estudios de rediseño, no la adjudicación automática de toda la misión a una empresa.
Rocket Lab recibió financiación para estudiar un concepto y propuso un enfoque de dos lanzamientos con un objetivo de coste inferior a unos 2.000 millones de dólares y retorno alrededor de 2031. Eran propuestas sujetas a selección y desarrollo, no un contrato firme para ejecutar la misión.
La empresa también trabaja en una pequeña sonda para estudiar partículas de las nubes de Venus, vinculada al concepto Venus Life Finder. Enero de 2025 figuraba en planes anteriores como objetivo de lanzamiento, no como fecha garantizada.
Las posibles señales químicas de Venus siguen siendo objeto de debate; no se ha demostrado vida en su atmósfera. El artículo “ Las posibles señales de vida en Marte y Venus y su impacto en nuestra visión del universo ” explica ese contexto. Una misión podría aportar datos importantes sin garantizar un descubrimiento biológico.
Software
La compra de Advanced Solutions, Inc. en 2021 amplió las capacidades de Rocket Lab en software de vuelo, simulación de misiones y guiado, navegación y control .

Fuente: Rocket Lab
El software ofrece otra fuente de ingresos y puede integrarse con los componentes, las naves y los servicios de lanzamiento.
Otros
Además de sus lanzadores, satélites y misiones científicas, Rocket Lab participa en actividades que podrían contribuir a una futura economía espacial .
Entre ellas figura un experimento de fabricación en el espacio realizado con Varda Space Industries para producir cristales de ritonavir, un fármaco utilizado en tratamientos antivirales. En ciertos tratamientos para hepatitis C se emplea como potenciador farmacocinético, no como antiviral directo contra ese virus.
ADRAS-J, la misión de inspección de residuos orbitales de Astroscale Japón, se lanzó con Electron en febrero de 2024, no estaba pendiente para principios de 2025. La nave de unos 150 kg fue diseñada para acercarse a una etapa de cohete abandonada, observarla y apoyar el desarrollo de futuras técnicas de retirada.
Los residuos orbitales son una preocupación creciente que requiere gestión para ampliar de forma sostenible la infraestructura espacial . La inspección y retirada constituyen posibles mercados, aunque cada servicio necesita validación técnica y clientes. También serían relevantes para conceptos que buscan generar energía en órbita y transmitirla a la Tierra .
Finanzas de Rocket Lab
La cartera de pedidos superó por primera vez los 1.000 millones de dólares en 2024. La empresa esperaba reconocer aproximadamente la mitad como ingresos durante los doce meses siguientes, según el calendario de los programas.

Fuente: Rocket Lab
La empresa todavía no era rentable ni generaba flujo de caja libre positivo. La inversión en Neutron y sus instalaciones era una causa importante, junto con los costes operativos del negocio.
En el tercer trimestre de 2024, el flujo de caja libre fue de aproximadamente −41,9 millones de dólares. La liquidez de unos 508 millones incluía efectivo, equivalentes y valores negociables, no solo efectivo y equivalentes.

Fuente: Rocket Lab
Invertir en Rocket Lab
Competencia con SpaceX
Rocket Lab y SpaceX pertenecen al sector privado, pero su situación bursátil era distinta: Rocket Lab cotizaba en 2024 y SpaceX no. Las comparaciones de eficiencia de capital o velocidad deben considerar tamaños, contratos y objetivos diferentes.
Rocket Lab combina lanzamiento y sistemas espaciales. Su negocio de satélites diversifica los ingresos, pero no lo hace inmune a pérdidas o a problemas en el desarrollo de Neutron.
Una estrategia es atender lanzamientos pequeños dedicados, con órbitas y calendarios específicos. SpaceX también transporta satélites pequeños mediante vuelos compartidos, por lo que no ha abandonado ese segmento.
No puede suponerse que SpaceX deje el mercado de Falcon 9 al desarrollar Starship. Neutron tendría que competir por precio, fiabilidad, capacidad y servicio en un mercado cambiante.
Posibles oportunidades en energía espacial
En los artículos “ Energía desde el espacio: posibilidades y desafíos ” y “ Un sol que nunca se pone: los planes de Reflect Orbital para la energía solar ” analizamos conceptos de energía espacial. Podrían reducir algunas limitaciones de la energía solar terrestre, pero afrontan grandes retos técnicos y económicos.
La experiencia de Rocket Lab en células solares espaciales podría ser útil. Disponer de lanzadores propios no implica transporte gratuito ni suficiente capacidad para grandes centrales orbitales.
Una oferta integrada puede aportar ventajas, pero el resultado depende de costes reales y de la competencia. No basta con evitar pagar el margen de un proveedor externo.
Un proyecto propio podría elevar la frecuencia de lanzamiento y aprovechar capacidades industriales, como ha hecho Starlink en el modelo de SpaceX. Aplicarlo a satélites de energía es todavía una hipótesis, no un negocio anunciado y demostrado por Rocket Lab.
La fabricación a escala puede reducir costes, pero los proyectos de energía tendrían que sostenerse económicamente. No garantizan por sí solos una posición dominante en satélites.
A más largo plazo, componentes y experiencia podrían aplicarse a hábitats orbitales o cislunares, cuyo mercado sigue en desarrollo.
Conclusión
Competir con empresas que ya cuentan con escala y tecnología probada es difícil, tanto en vehículos eléctricos como en lanzamientos espaciales.
La competencia sigue siendo posible, como muestra la expansión de BYD en vehículos eléctricos, aunque son mercados con características diferentes.
Rocket Lab ha establecido una actividad operativa en lanzamientos pequeños y sistemas espaciales. Compararla directamente con Boeing, Blue Origin o SpaceX exige distinguir programas y recursos.
Su integración vertical reúne componentes, software, naves y lanzadores. Puede generar sinergias, pero también requiere capital y una ejecución cuidadosa.
Por ello, su evaluación exige considerar tecnologías aún no demostradas, pérdidas, financiación, metas de crecimiento, competencia y capacidad para cumplir contratos. Su potencial no garantiza rentabilidad para el inversor.













